Isabel del Río
Entrevista a Isabel del Río en Zona 6
Interferencia detectada… Señal capturada…
Algunas frecuencias no deberían sintonizarse. Algunas fronteras no deberían cruzarse. Y sin embargo, aquí estamos. Zona 6 es un punto de convergencia entre dimensiones, un espacio donde las ideas mutan y las palabras resuenan más allá del límite. Solo quienes se aventuran en la Zona pueden captar su señal. Y una vez dentro, deben enfrentarse a seis preguntas antes de encontrar la salida… Si es que la hay.
La viajera: Isabel del Río
Esta vez, nuestra viajera es la escritora Isabel del Río (Barcelona, 1983). Isabel es licenciada en Filosofía por la Universidad Autónoma de Barcelona, aunque se ha dedicado al mundo del libro como profesional desde 2009. En su bibliografía maneja tanto novela, como el relato y la poesía. Se define como agitadora cultural, sin olvidar su labor como librera y prescriptora literaria. Colabora en revistas literarias como Librújula, El Biblionauta y Libros Prohibidos.
Entre sus obras destacan En la casa de Ícelo (InLimbo Ediciones), El señor del viento: las bocas de la montaña, o Mare (editada primero en catalán con Spècula Llibres y en castellano, Madre, con El Transbordador), donde explora desde la ciencia ficción al terror cósmico, ganadora del X Premi Imperdible a mejor novela de género fantástico y finalista del Premio Ictineu 2023. Su última publicación es la novela fantástica No albiro el bosc, editada por Mai Més.
Hoy visita Zona 6 para enfrentarse a nuestras seis interferencias, aquí, en Sui Generis Madrid.
Transmitiendo señal…
Entrada a la Zona – Comenzaste tu carrera con Casa de Títeres en 2008, una obra que ya insinuaba tu fascinación por lo fantástico. ¿Hubo un momento o un libro en tu infancia que despertó esa necesidad de mezclar lo real con lo mágico? ¿Alguna anécdota de tu labor como librera que haya marcado tu forma de contar historias?
Isabel – Supongo que mi visión del mundo siempre ha estado con un pie en la realidad del día a día y la otra en un mundo onírico lleno de posibilidades que te plantea preguntas constantes de cómo funcionan las cosas.
Mi abuelo me contaba historias, leyendas, mi tía me relataba las aventuras de Pumuky para que me durmiera, mi yaya siempre estaba leyendo y cocinando… De niña me fascinaban los cuentos, las historias como El amigo de la muerte y Hansel y Gretel. Más adelante, cuando empecé a leer, fueron Borges, Shakespeare y Mary Shelley, también los X-Men, Ulises 31 y Sailor Moon.
Cuando mi abuelo murió yo tenía nueve años. Para mí fue una pérdida fundamental, rompió mi universo. Empecé a devorar todo libro que hablara de la muerte, de magia y de espiritismo. Supongo que como Victor Frankenstein buscaba, a mi manera de niña, la forma de traerlo de vuelta. Cuando murió mi yaya estaba en último año de universidad, justo había escrito Casa de Títeres y fue ella quién me animó a buscar editorial. Supongo que escribir y trabajar rodeada de historias es para mí la manera de traerlos de vuelta, de honrarlos y continuar su legado.
Como librera he aprendido que los libros no tienen edad, que tampoco existen mejores o peores lectoras, sino que todas son historias que nos permiten vivir otras vidas, aprender y expandir nuestros horizontes. Al final, el libro escoge al lector. En ocasiones creemos que un libro nos encantará y por las circunstancias vitales no podemos con él y por el contrario, otro que quizá nunca se nos hubiera ocurrido leer, llena ese hueco que nos dolía. Hay niños que se zampan El señor de los anillos y piden más, y adultos que se les hace cuesta arriba la fantasía y prefieren una buena novela policíaca. Lo importante es llegar a aquellos que necesitan leerte en ese momento de sus vidas.
«Como librera he aprendido que los libros no tienen edad, que tampoco existen mejores o peores lectoras, sino que todas son historias que nos permiten vivir otras vidas, aprender y expandir nuestros horizontes»
Archivo Seis – Eres una voz clave en el auge de la ciencia ficción y fantasía en catalán, pero también escribes en castellano. ¿Cómo conviven ambas lenguas en tu proceso creativo? ¿Crees que el catalán, con su tradición literaria, ofrece matrices diferentes para explorar lo fantástico frente al castellano?
Isabel – Soy bilingüe. Mi padre es palentino y mi madre catalana, mis abuelos tenían raíces aragonesas y asturianas… Al final, para mí es tan natural pensar en catalán como en castellano y todo depende del personaje que me susurre la historia. Madre/Mare, por ejemplo, fue escrita en catalán y castellano al mismo tiempo, pues había personajes que hablaban uno u otro idioma y tuve que ir traduciendo cuando pasé el texto al ordenador.
El catalán siempre me ha parecido una lengua poética, tiene una musicalidad muy concreta y me encanta como todo el territorio tiene su propia geología legendaria, desde las conocidísimas dones d’aigua a la triste historia de la ninfa que da nombre a los Pirineos. También la ciudad de Barcelona está llena de personajes que mezclan lo real con lo sobrenatural, como Jacint Verdaguer, el poeta exorcista, o Enriqueta Martí, la llamada Vampira del Raval.
Como adolescente, en clase me hicieron leer El Mecanoscrit del segón origen, de Pedrolo, novela que me cambiaría por completo y más tarde, La Salamandra me llevó a conocer a una Mercè Rodoreda diferente a la que me habían pintado en el instituto. Crecí visitando el que ahora se conoce como Triángulo Friqui, visitando el Salón del Cómic, pateando Continuará, Norma, Gigamesh, Freaks… Al mediodía veía animes en catalán y me escondía para ver algún especial por la noche, en esa tele diminuta a la que había que dar golpes para que enfocara la imagen.
El Análisis – En Madre/Mare, una de tus obras más sorprendentes, usas una estructura fragmentada y no lineal, dejando huecos a la interpretación. ¿Cómo manejas el equilibrio entre lo intuitivo y la planificación técnica? ¿Algún truco para evitar que el caos narrativo ahogue al lector?
Isabel – El truco es la reescritura y salir de tu propia perspectiva, es decir, leer evitando recurrir a la información que tienes en tu cabeza, buscar la claridad en aquello que quieres transmitir, más allá de las subtramas que puedas plantear.
También es imprescindible contar con lectores que te den réplica, que lean el texto y no te doren la píldora, que de verdad sean capaces de decirte qué funciona y qué no. Madre/Mare me llevó cinco años de trabajo y tuve lectores cero realmente maravillosos que me ayudaron muchísimo.
«El truco es la reescritura y salir de tu propia perspectiva, (…) buscar la claridad en aquello que quieres transmitir»
Distorsión en la señal – Imagina que una de tus novelas cobra vida y los personajes se rebelan: exigen mudarse a un género literario distinto. ¿A qué personaje trasladarías de género y cómo lo negociarías con él?
Isabel – No tendría ningún problema con ello. De hecho, ya lo hacen (Risas).
Cuando escribo una historia no pienso en los recursos de géneros que voy a utilizar, al final mezclo según me reclaman los personajes: fantasía, terror, ciencia ficción, misterio… ¡Incluso poesía! Al final son herramientas, paisajes, formas de ver el mundo y cada uno lo interpretamos de una manera completamente distinta, como los personajes de una historia.
Carrie, de Rojo sobre Negro, viaja en la novela a otras realidades, en ellas puede ver el mundo de Marina en La Casa del Torreón y de Nico en El Señor del Viento. De una manera parecida, Penélope en Madre/Mare, salta de realidad en realidad, haciéndonos olvidar las leyes del espacio y el tiempo que creemos rigen el mundo. También en La Vidente de la Luna Llena hay mezcla de géneros, es una novela de misterio, un thriller, pero hay magia e historia de Barcelona de por medio, hay detalles inexplicables en una realidad supuestamente sin fisuras.
Supongo que me gusta que los personajes sean libres. Sí, tengo una idea de a dónde quiero llegar, pero me dejo conducir por ellos y, en ocasiones, me sorprenden presentándome a alguien nuevo que no tenía planeado que apareciera en el libro.
Zona de riesgo – Como librera, editora y escritora en un mercado dominado por lo comercial, ¿no temes que cierta narrativa experimental quede relegada a nichos? ¿Es posible ser “accesible” sin caer en fórmulas predecibles, o crees que la literatura debe desafiar incluso si incomoda?
Isabel – Escribo géneros fantásticos, ya sólo por eso quedo invisibilizada para muchos, si además añadimos otros factores es fácil que muchos lectores no sepan ni de tu existencia.
Siempre hay que desafiar, pero siendo lo suficientemente accesible como para que no tengan que recurrir a un descifrador de códigos para entenderte (Risas). Jugar con los límites del lenguaje y de las fórmulas conocidas a la hora de contar historias es la manera de evolucionar, de hablar de temas que hasta ahora quizá no podíamos expresar del mismo modo.
Por mi parte, intento que los capítulos sean cortos (me gusta leer en el transporte público y me da rabia quedarme a medias) y el lenguaje cercano, pero no trato al lector como si fuera tonto. Me gustan las historias que me hacen pensar, que me remueven por dentro y dejan poso en mí, que me enseñan cosas nuevas, y eso es lo que intento ofrecer.
«Siempre hay que desafiar, pero siendo lo suficientemente accesible como para que no tengan que recurrir a un descifrador de códigos para entenderte»
Punto de no retorno – Si tuvieras que crear un hechizo literario con tres ingredientes (uno de tus libros, un lugar de Barcelona y un objeto mágico de tus novelas) para convertir la ciudad en un escenario fantástico, ¿qué elegirías y qué caos encantado provocarías?
Isabel – Pobre Barcelona, la de caos que ya he generado en ella (Risas). La Casa del Torreón, Rojo sobre Negro, La Vidente de la Luna Llena…, todas tienen la ciudad de Barcelona como paisaje (o al menos parte de él). Vivo en la ciudad y he pasado en ella toda mi vida por lo que es parte de mi imaginario y de mis pesadillas. Mis historias nacen de mis sueños lúcidos y de los horrores más vívidos que me acompañan después en la vigilia, como en los relatos de En la casa de Ícelo, por lo que es normal que un barrio u otro aparezcan en mis relatos y novelas.
No sé, quizá, si tuviera que elegir, traería el bosque de El Señor del Viento a la ciudad. Podría empezar todo en pleno centro, la catedral y el casco viejo recuperado por la naturaleza se vería hermoso, y puede que sólo la llave de Carrie pudiera sacarnos del lío.
La señal se desvanece, pero la interferencia persiste. La voz de Isabel del Río queda resonando en Zona 6. El ruido blanco inunda la frecuencia, y nosotros seguimos atentos, buscando una nueva interferencia a la espera de ser descubierta.


