Entrevista a Marcheto en Zona 6

Interferencia detectada… Señal capturada…

Algunas frecuencias no deberían sintonizarse. Algunas fronteras no deberían cruzarse. Y sin embargo, aquí estamos. Zona 6 es un punto de convergencia entre dimensiones, un espacio donde las ideas mutan y las palabras resuenan más allá del límite. Solo quienes se aventuran en la Zona pueden captar su señal. Y una vez dentro, deben enfrentarse a seis preguntas antes de encontrar la salida… Si es que la hay.

La viajera: Marcheto

Esta vez, nuestra viajera es la traductora Marcheto, pseudónimo desde el que lleva años divulgando literatura fantástica y ofreciendo de forma completamente desinteresada la maravillosa web Cuentos para Algernon, donde se encuentran algunas de las joyas literarias más increíbles en formato de relato de los grandes autores y autoras internacionales del género. En Cuentos para Algernon, en vez de flores, Marcheto regala a su comunidad de lectores un valiosísimo legado único que desde Sui Generis Madrid queremos poner en valor, pues como muchas veces hemos dicho, en su web hemos llegado a descubrir escritoras de las que hoy somos auténticos incondicionales.

Hoy visita Zona Seis para enfrentarse a nuestras seis interferencias, aquí, en Sui Generis Madrid.

Transmitiendo señal…


Entrada a la Zona – Empezaste este proyecto hace más de diez años. ¿Cómo fue ese momento de decidir embarcarte en esta aventura y cómo escogiste ese maravilloso nombre tan literario? ¿Hubo algún relato en concreto que te sacudió y pensaste: “Esto debe llegar al español sí o sí”?

Marcheto – Allá por el año 2012, me animé a apuntarme para votar en los premios Hugo. Y descubrí un puñado de relatos que me gustaron bastante. Así que me suscribí a varias revistas y empecé a leer cuentos de ciencia ficción y fantasía recientes de manera continuada. El verano de ese mismo año, durante un viaje al extranjero, me despertaba siempre a mitad de noche. Como no conseguía conciliar el sueño, empecé a aprovechar para leer cuentos durante esas horas de insomnio, y varios me parecieron excelentes, pero también pensé que era muy difícil que se llegasen a publicar en España. Así que regresé decidida a tratar de montar un blog y traducirlos yo misma (tenía experiencia como traductora, pero llevaba bastante tiempo sin conseguir ningún encargo editorial). Entre los relatos que más me habían gustado esos últimos meses, había varios de Ken Liu. Así que decidí que él fuera mi primer objetivo. Por suerte, me respondió de inmediato diciendo que sí, que encantado. Y así fue como nació el blog. Como siempre digo, si Ken Liu me hubiese dado calabazas, es muy posible que Cuentos para Algernon no existiera.

En cuanto al nombre, me costó semanas dar con él. Quería que fuese un homenaje a algún autor o alguna obra que me hubiera marcado especialmente en mis inicios como lectora de estos géneros. Mi primer candidato a homenajeado fue Fredric Brown, pero no conseguí dar con un nombre que me convenciese. Entonces, revisando los libros de mi biblioteca, allí estaba Flores para Algernon y, por suerte, algo hizo clic en mi cerebro en ese momento. No creo que se me hubiera podido ocurrir un nombre mejor. Debo confesar que estoy orgullosísima de él.


Archivo Seis – Has mencionado en más de una ocasión que la ciencia ficción y la fantasía son géneros con los que disfrutas, pero también traduces obras fuera de estos. ¿Cómo crees que traducir textos tan diversos moldea tu perspectiva sobre lo que significa “hacer accesible” la literatura?

Marcheto – No es exactamente así. Lo que sí que suelo comentar es que no soy lectora de estos géneros en exclusiva, en cuestión de libros soy totalmente omnívora. Como traductora, hace años traduje parte de un ensayo, pero el resto de mis traducciones sí se encuadran dentro de la ciencia ficción, la fantasía y el terror.

Ahora bien, salvo por la cuestión de que de vez en cuando te toque inventar alguna palabra que otra, y de que resulte fundamental tener una cierta culturilla general específica y un conocimiento de la jerga habitual de estos géneros (no queremos que los «replicantes» se vuelvan a convertir en «réplicas»), creo que no hay grandes diferencias entre traducir literatura generalista o de género. Así que, incluso si tradujera otro tipo de obras, no creo que eso influyera en mi percepción de este trabajo ni en mi manera de enfocarlo. 


El Análisis – La traducción es un equilibrio entre fidelidad al original y fluidez en el nuevo idioma. ¿Cómo manejas los juegos de palabras, giros culturales o referencias intraducibles? ¿Algún ejemplo que te haya hecho sudar tinta?

Marcheto – Cada caso es distinto. Hay quien opina que si un traductor recurre a la nota a pie de página es que ha fracasado. Y creo que también se está extendiendo la opinión de que, como hoy en día toda la información está al alcance de cualquiera en internet, ya no hace falta poner notas explicando las referencias culturales. Yo no soy tan radical. No me siento fracasada por tener que explicar algo en una nota cuando no consigo dar con una solución de traducción satisfactoria. Y, como lectora, prefiero encontrarme alguna nota explicativa a tener que interrumpir por completo la lectura y ponerme a buscar en internet la información que necesito para sacarle todo el jugo a un texto. Así que las notas son para mí una opción válida y recurro a ellas sin mayor problema. 

Con la traducción de giros y referencias culturales hay que tener mucho cuidado. Si se adaptan de manera demasiado castiza, a mí como lectora enseguida me chirrían. Por ejemplo, si se menciona un producto anglosajón no muy conocido por aquí, lo cambio por otro equivalente y conocido, sí, pero antes me aseguro bien en internet de que el sustituto también exista (y suene a que existe) en el país donde se desarrolla la historia. En general, prefiero que el lector no sepa muy bien qué está comiendo el protagonista (salvo que sea un dato relevante) a que se descubra pensando que en Estados Unidos no existen los Lacasitos.


«No me siento fracasada por tener que explicar algo en una nota cuando no consigo dar con una solución de traducción satisfactoria»


Pero, como bien dices, lo que hay que buscar siempre es un equilibrio entre fidelidad y fluidez. Y si ese equilibrio pasa por perder en ocasiones parte de la información no relevante o del humor del original, me resigno y la pierdo. Soy consciente de que, por muy buena que sea una traducción, nunca va a conseguir trasladar el 100 % del original.

Lo que me parece más difícil de traducir en relación a todo esto es el humor. Cuando me enfrento a una obra con mucha ironía y humor, sé que voy a sudar tinta. Por poner un ejemplo dentro de mis traducciones del blog, disfruto terriblemente leyendo y traduciendo a K. J. Parker (un autor la mar de irónico), pero siempre que empiezo a traducir cualquier obra suya sé que me va a tocar romperme los cuernos. Y, hasta ahora, siempre ha sido así.

Distorsión en la señal – Imagina que una raza alienígena te contrata para traducir un cuento humano a su idioma… pero solo puedes elegir una obra literaria terrestre para representarnos. ¿Cuál escogerías y por qué?

Marcheto – Tu pregunta me ha hecho acordarme de un cuento muy gracioso de Michael Resnick, Observation Post, en el que una raza extraterrestre se está planteando invadir o destruir la Tierra. Antes de hacer nada, para tratar de averiguar cómo vamos a reaccionar, se ponen a analizar las emisiones de TV que reciben, y gracias a Star Trek, Supermán, Drácula… sacan una idea bastante equivocada de nosotros. Así que tengo clarísimo que no sería ni de ciencia ficción ni de fantasía. Y tampoco de terror, salvo que se trate de eso, de espantarlos y evitar su invasión.

Así que buscaría entre mis cuentos favoritos dentro de la literatura realista. Y un excelente candidato sería Los muertos, de James Joyce. Creo que toca muchos de los elementos clave que definen a la humanidad: el amor, la muerte, la familia, la amistad, los celos, la religión, el arte… Eso sí, animaría al traductor a incluir un buen número de notas a pie de página aclaratorias.

Zona de riesgo – Hemos conocido algunas polémicas porque ciertas editoriales han recurrido o bien a traductores no profesionales o directamente a la inteligencia artificial, tan en boga en la actualidad. Desde tu punto de vista y tu experiencia, ¿cómo afecta esto a la profesión? ¿Crees que ha crecido el merecido reconocimiento a los traductores o este tipo de situaciones corroboran la falta de valoración de la profesión?

Marcheto – Para mí son dos casos distintos. En ocasiones, un traductor no profesional creo que puede hacer un trabajo bastante bueno si tiene un conocimiento profundo de las lenguas origen y destino, y algunas nociones básicas sobre traducción. Con una buena revisión y supervisión, su traducción creo que puede quedar con un nivel profesional.


«A fecha de hoy, las traducciones realizadas íntegramente con IA son impublicables»


Lo de las IA ya es distinto. No sé cómo evolucionarán, pero considero que, a fecha de hoy, las traducciones realizadas íntegramente con IA son impublicables. Supongo que, de aquí a unos años, la tendencia en muchos casos, sobre todo para ciertos tipos de libros y de editoriales, será hacer un borrador de traducción con IA y luego encargar a un traductor/corrector que la revise más o menos a fondo, lo que, en efecto, repercutirá negativamente en la profesión y también en la calidad de las traducciones publicadas. Para los problemas complicados de traducción ―como los que comentábamos antes― ninguna IA (ni ningún corrector que revise un texto por encima) va a dar con determinadas soluciones brillantes que sí que se le pueden ocurrir a un buen traductor humano que se pasa semanas o meses inmerso en una obra.

En cuanto al reconocimiento, supongo que la situación ha mejorado. De todas maneras, yo opino que el éxito del traductor consiste en pasar desapercibido, en ser lo más invisible posible. No necesito ver mi nombre en la portada de los libros que traduzco. Las obras son de los autores. Si en una reseña de una obra traducida por mí no se menciona la traducción, lo interpreto como que el lector ni ha reparado en ella, así que por mí, perfecto. Creo que lo importante es luchar más para que el reconocimiento se plasme en tarifas dignas que permitan a los traductores dedicar a cada obra el tiempo que se merece y vivir de este trabajo, algo que, a día de hoy, creo que no es fácil.


«El éxito del traductor consiste en pasar desapercibido, en ser lo más invisible posible»


Punto de no retorno – Si pudieras organizar una cena con tres autores (vivos o muertos) para traducir sus conversaciones en tiempo real, ¿a quién invitarías y qué plato servirías para evitar una disputa literaria sin precedentes?

Marcheto – Puestos a soñar, soñemos que no solo soy capaz de traducir conversaciones a tiempo real del inglés (que no lo soy), sino también del serbio. Aunque las fechas no me cuadren, yo mantengo la teoría de que el gallego Álvaro Cunqueiro (uno de mis autores favoritos) se reencarnó en el serbio Goran Petrović (otro de mis absolutos favoritos), y me gustaría comprobarla poniéndolos cara a cara y escuchándolos charlar. Mi tercer invitado trataría de que fuese Tolkien. De ese modo tendría a la mesa a tres de los escritores de fantasía cuyas obras más me han marcado. Y además estoy convencida de que harían muy buenas migas.

En cuanto al menú, no me mataría la cabeza. Para que ninguno pudiese quejarse, y como no soy muy sibarita en cuestión de comidas, optaría por servir mis platos favoritos de la gastronomía gallega, serbia y británica: pulpo a la gallega, ćevapčići y fish and chips, respectivamente. Y, como colofón, un chupito de rakia serbio, que haría olvidar cualquier disputa que hubiese podido surgir.

La señal titila, un susurro de Marcheto se desvanece entre las ondas. En Zona 6, la frecuencia nunca muere, solo aguarda paciente la próxima interferencia que rompa el silencio.