Sabino Cabeza Abuín. Foto de Juan Moro (detalle).
Entrevista a Sabino Cabeza Abuín en Zona 6
Interferencia detectada… Señal capturada…
Algunas frecuencias no deberían sintonizarse. Algunas fronteras no deberían cruzarse. Y sin embargo, aquí estamos. Zona 6 es un punto de convergencia entre dimensiones, un espacio donde las ideas mutan y las palabras resuenan más allá del límite. Solo quienes se aventuran en la Zona pueden captar su señal. Y una vez dentro, deben enfrentarse a seis preguntas antes de encontrar la salida… Si es que la hay.
El viajero: Sabino Cabeza Abuín
Esta vez, nuestro viajero es el escritor Sabino Cabeza Abuín, cuya voz ha atravesado el éter para llegar hasta aquí. Nacido en Sevilla en 1965, reside actualmente en Zaragoza. Es oficial del Ejército del Aire, Licenciado en Psicología por la Universidad de Valencia, y ejerce como psicoanalista en la ciudad del Ebro.
Su pasión por la ciencia ficción viene de lejos, alimentada por múltiples referencias a los grandes clásicos del género. A día de hoy, es el primer y único escritor con dos Premios Minotauro en su haber: fue galardonado en 2020 por Frontera oscura y en 2025 por Expediente Hermes. Hoy visita Zona Seis para enfrentarse a nuestras seis interferencias, aquí, en Sui Generis Madrid.
Transmitiendo señal…
Entrada a la Zona – En alguna ocasión has hablado de tu primer contacto con la ciencia ficción, aquellos relatos de las antologías de novelas de anticipación. ¿Qué recuerdas de esos primeros textos? ¿Qué te llamó la atención y qué te hizo enamorarte del género?
Sabino: Recuerdo que me esforzaba por imaginar aquello que leía. Debía de tener doce o trece años. Intentaba verlo en mi cabeza. Incluso hacía dibujos. Recuerdo el tacto del papel. En casa había novelas muy diversas (hablo de ciencia ficción en concreto. Mi interés por otros géneros llegó después, sobre todo en el colegio y el instituto), algunas eran ediciones muy baratas, tipo pulp, como aquellos viejos cómics de Ediciones Vértice. El papel raspaba, y era amarillento. También recuerdo mis primeros libros de Julio Verne, y la sorpresa increíble cuando me regalaron las obras completas de Verne, en papel de biblia y con pan de oro. Recuerdo el olor de los libros. Un olor que soy incapaz de definir incluso hoy.
Y, sobre todo, recuerdo la sensación de que el mundo se hacía muy grande cuando leía aquellas novelas. Diría que eso es lo que me enamoró: descubrir la apabullante verdadera dimensión del universo. Luego llegó Carl Sagan, y después Tolkien, y ya no pude escapar…
Archivo Seis – Tu vida mezcla la disciplina militar, el psicoanálisis y la escritura. ¿Cómo se filtran estas tres facetas —aparentemente dispares— en tus novelas? ¿Crees que tu formación en psicología te da ventaja para explorar la mente de personajes como Florence Schiaparelli?
Sabino: Creo que un escritor debe aprovechar su experiencia. Eso vale para cualquier profesión, no cabe duda. Pero, en mi caso, esas tres facetas van siempre de la mano. Sin duda es una ventaja ser psicólogo y psicoanalista a la hora de darle profundidad (en el sentido de la perspectiva) a un personaje. En especial cuando quieres mostrar sus contradicciones. Los personajes planos no me conmueven, y creo que he conseguido hacerlos tridimensionales cuando, releyendo para una corrección, me emociono con lo que les pasa o hacen. Es raro, teniendo en cuenta que sé qué les ocurrirá, pero, si me emociono al releer, me parece que es porque lo logré. Eso me dice que, de alguna forma, consigo separarme de lo que escribo para leer como si no fuera mío. Pero no siempre funciona, claro…
En cuanto a la disciplina, pues siempre es necesaria cuando afrontas la construcción de una novela. Sin ella sería fácil rendirme al encontrar los inevitables callejones sin salida. He abandonado proyectos, por supuesto, por mil razones diversas, pero la única forma de seguir adelante cuando se te resiste algo es tirar de disciplina. O sea, sentarte ante el teclado aunque sea para mirar la pantalla durante una hora y lograr sólo escribir una frase. Los Borg dirían que la resistencia es fútil… hasta que Kathryn Janeway (mi inspiración para Florence) les demuestra que no es así.
«Los personajes planos no me conmueven, y creo que he conseguido hacerlos tridimensionales cuando, releyendo en la corrección, me emociono con lo que les pasa»
El Análisis – En Frontera oscura equilibras rigor científico con emociones humanas. ¿Cómo construyes a tus protagonistas para que no opaquen al resto del elenco? ¿Y cómo decides hasta dónde profundizar en detalles técnicos sin perder al lector?
Sabino: Eso siempre es un reto. Y no siempre lo supero, debo admitir. Pero para eso están las correcciones. Yo no escribo hard sci fi, aunque pudiera parecerlo. Los aspectos científicos han de dar contexto a los personajes, pero son éstos los que me importan. En la hard sci fi lo habitual es centrarse en el contexto. Pero, para mí al menos, eso sólo debería funcionar como telón de fondo de la obra teatral. La ciencia avanza, cambia, evoluciona. Sin embargo, los grandes dramas humanos no han cambiado mucho desde Sófocles, diría yo… Y nunca sabes en manos de quién caerá tu novela. No puedes satisfacer a todo el mundo, así que prefiero buscar el equilibrio entre ciencia y pasión. Me han criticado tanto por meter ciencia como por lo contrario. ¿Cómo dice el refrán? Nunca llueve a gusto de todos…
«Los grandes dramas humanos no han cambiado mucho desde Sófocles»
Y sobre los personajes… Bueno, depende de cada historia. Siempre hay protagonistas y actores de reparto. Me esfuerzo porque todo el reparto tenga su presencia, aunque sea pequeña. Los protagonistas no lo serían sin la ayuda de los secundarios. He participado en muchas representaciones de ópera, siempre como parte del coro. Sabes que tu actuación está supeditada a la de los actores principales, así que tu tarea es sostenerlos y no eclipsarlos. Y eso intento hacer con mis personajes.
Distorsión en la señal – Si tuvieras que diagnosticar a un personaje clásico de ciencia ficción (como HAL 9000 o al replicante Roy Batty), ¿qué conflicto psicológico identificarías en él y cómo lo abordarías en una sesión de terapia interestelar?
Sabino: Esta es una muy buena pregunta… Y te diría, David, que, como psicoanalista, siempre intento mantener una distancia prudente entre la realidad y la ficción a la hora de hacer diagnósticos. En la vida real eso es sumamente complejo, y requiere su tiempo para no errar. Un mal diagnóstico puede ser nefasto. No se puede diagnosticar a los personajes de novelas o películas. No con seriedad, al menos. Me ha pasado esto cuando me han preguntado sobre la salud mental de la Jinx de Arcane. Lo normal es pensar que está loca y punto. Pero siempre es más complejo.
Sin embargo, ya que me incitas a hacerlo, me atrevería a decir que HAL 9000 se comporta como un niño en esa fase de la vida en la que, si no entiende las contradicciones (hay que recordar que a HAL se le dan órdenes contradictorias), se esfuerza por contentar a todas las partes incluso haciendo algo terrible (como con esa estúpida pregunta de «¿a quién quieres más…?»). Respecto a Batty, lo que la película nos muestra (reconozco que la película me gusta mucho más que la novela), es a un hijo que hace preguntas difíciles a su padre sobre su origen y su razón de existir. Batty, como HAL, sin duda son seres inmaduros emocionalmente, pero con cocientes de inteligencia enormes. Eso suele ser problemático.
Zona de riesgo – Tu obra destaca por su optimismo y fe en la colaboración humana, algo poco común en la ciencia ficción actual, dominada por distopías. ¿No temes que este enfoque se perciba como ingenuo en un mundo con crisis climáticas, guerras e inteligencias artificiales? ¿Por qué insistir en el humanismo como antídoto?
Sabino: Las crisis son parte inherente de la historia. Y han sido abordadas desde la literatura de mil modos diferentes. Uno de esos modos, clásico ya, es el género distópico. Nunca me he parado a analizar las razones por las que se escriben distopías, seguramente cada autor tendrá las suyas. Pero ése no es mi género. No sé si eso significa que soy optimista. No pienso en ese tipo de cosas cuando escribo. Sin embargo, es cierto que prefiero dar protagonismo a personajes que intentan superar los obstáculos de la vida sin pisar a los demás. Si eso es ser ingenuo, pues seré un ingenuo. Lo que piensen de ti los lectores está fuera de tu control, así que escribo sobre lo que me interesa y sobre lo que me causa preguntas a mí. De Star Trek aprendí que se puede luchar, pero sin perder esa parte que nos hace humanos. Es algo que ves en Voyager, en Enterprise… Sin humanismo, la humanidad no es… humana. Así que la elección, al menos para mí, es fácil. Bastante miseria y tristeza hay en el mundo como para, encima, escribir sobre ello. Novelas o series de televisión centradas (no hace falta poner ejemplos) en mostrar sangre, vísceras y gente masacrada son muy del gusto actual. Pero no del mío.
«Sin humanismo, la humanidad no es humana»
Punto de no retorno – Imagina que el Ejército del Aire te pide diseñar un kit de supervivencia para escritores en Marte. ¿Qué elementos incluiría y por qué?
Sabino: Vaya, ahora que es el Ejército del Aire… y del Espacio, quizá algún día eso llegue a ser necesario.
La pregunta es divertida, porque se trata de un kit de supervivencia sólo para escritores, y además en Marte. ¿Qué necesitaría un escritor para sobrevivir en Marte que no necesitara cualquier otra persona? La película The Martian deja bastante claro lo difícil de sobrevivir en Marte, así que la condición básica para sobrevivir siendo escritor es… que seas algo más que escritor. Ingeniero, por ejemplo (como ocurre en La isla misteriosa, de Verne, o en la película Passengers). Aunque hay que reconocer que ser escritor a solas ya es, de por sí, todo un alarde de supervivencia. Vivir de lo que escribes, según me cuentan quienes lo saben bien, es simplemente sobrevivir. Muy pocos pueden presumir de llegar a fin de mes siendo sólo escritor. De novelas, al menos. Sea en Marte, en la Tierra o en Tattooine, las dificultades son las mismas.
En cualquier caso, si se diera el improbable caso de que, siendo escritor a secas, te quedaras atrapado en Marte, y a solas, más te valdría tener a mano algo para registrar tus vivencias. Una grabadora, por ejemplo. Sería terrible saber que no saldrás del apuro y que, por faltarte un boli y un cuaderno, nunca se publicara tu único best seller: Escritor en Marte: la historia de cómo no sobreviví al desierto rojo.
Y, por si acaso, estudia una ingeniería…
Gracias, Sabino. A partir de aquí, salir de la Zona 6 corre por tu cuenta. Nosotros esperaremos a que otra voz se cuele en nuestra señal.


